Artículo del diario El comercio
Por Raúl Diez Canseco Terry*
Con la convicción de que solo las naciones que invierten en innovación, ciencia y tecnología son capaces de ser competitivos globales –y así hacer frente al desafío de crear riqueza y empleo–, un conjunto de instituciones privadas y públicas, nacionales y extranjeras ha puesto en marcha en Juanjuí, región San Martín, el Centro de Innovación Tecnológica del Cacao (CITE-Cacao).
Es, sin duda, una apuesta estratégica, ya que se trata de un territorio donde aún hay que salvar numerosas brechas sociales. El CITE-Cacao de San Martín atenderá en una primera etapa a 5.500 productores reunidos en 16 organizaciones que trabajan más de 30 mil hectáreas. En una segunda etapa, el mencionado centro atenderá las necesidades de innovación y tecnología de otros 21.600 productores.
Lo relevante es que para llevar adelante este proyecto se ha constituido la Asociación Pro Cacao y Derivados de San Martín (Procadesam), que tiene como misión elevar la calidad y productividad de los procesos productivos del cacao a fin de poder ampliar la oferta exportable y llegar a mayor cantidad de compradores de cacao gourmet.
En dicha asociación convergen el Estado, a través del Gobierno Regional de San Martín y la Universidad Nacional de San Martín; la sociedad civil, mediante Cedro, la Asociación de Cooperativas, la Asociación de Productores de Cacao y el Instituto de Cultivos Tropicales; la empresa privada, mediante la Universidad San Ignacio de Loyola; y la cooperación internacional con la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (Usaid), cuya asistencia en el programa de cultivos alternativos permitió sembrar en los últimos años 30 mil hectáreas de cacao.
Un CITE es un formidable aliado tecnológico de las empresas para generar valor y facilitar un conjunto de servicios como capacitación, diseño, acabados, asistencia técnica, información de punta, mejora de la productividad y control de calidad de insumos y bienes finales. Por eso, como primer vicepresidente de la República y titular del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo durante el período 2001-2003, impulsamos la marcha de varios de estos centros como herramientas de lucha contra la pobreza y como palanca de mejoras de los procesos productivos de un determinado bien. Y se hicieron posibles gracias a un fondo que grava los juegos de azar.
Así, pusimos en acción unos diez centros tecnológicos orientados a otorgar valor agregado a productos artesanales elaborados con fibra de camélidos, de peletería, joyería, etc. La exportación peruana de cacao y sus derivados ha registrado en los últimos años relevancia y, sin duda, el CITE mejorará su productividad y rentabilidad, para generar un impacto positivo en los ingresos de las familias involucradas en la cadena de producción.
La sociedad del conocimiento en la que nos desenvolvemos no solo necesita de ciudadanos con un alto nivel formativo, sino también de instituciones capaces de generarlo y transferirlo de manera eficiente. En el Perú son bajísimos los indicadores del gasto en innovación y desarrollo (I&D). De allí que es meritorio el empeño colectivo que presenta el CITE-Cacao de San Martín.
El presidente Fernando Belaunde, impulsor del desarrollo de la selva y gestor de lo que se conoce ahora como “el milagro sanmartinense” (por el desarrollo socioeconómico que grafica la región), dijo que las carreteras son las cucharas que llevan el alimento al pueblo. Parafraseándolo, diré que los centros de innovación –como el que se puso en funcionamiento en Juanjuí el 30 de junio– son los puentes que unen el presente con el futuro y al Perú emergente con el Perú del Primer Mundo. Que así sea.
(*) Ex Vicepresidente del Perú
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